Desde el amanecer hasta después del anochecer
Seda dorada sobre piel cálida. La luz atrapada en cada movimiento. Se desliza fácilmente, apenas está ahí, siguiendo el cuerpo sin sujetarlo. El día se siente suave, casi deshecho.
Por la noche, perdura de otra manera. Un poco más cerca, un poco más nítida.
La misma pieza, nueva energía. Nada cambia. Solo la forma en que se mueve contigo.